26 mayo, 2011

Anular


Si hay algo que a mi siempre me generó problemas, fueron mis uñas.
Todavía me acuerdo cuando, allá por Chillar, en siglos pasados, un hongo voraz se ensañó con la uña del dedo anular de mi mano izquierda.

Nuca más ese dedo volvió a ser el mismo. Y me lo recuerda de vez en vez, haciéndose el distinto, el exótico, el que no pertenece al conjunto de los dedos de la mano, sino que se trata de destacar, como cuando le gusta alardear de esa cicatriz que tiene a la mitad, herencia de una cuchillada que se le escapó a Kholi, el molinero, un domingo de yerra.
Y eso que mis pulgares tienen con qué hacer competencia. Esa heladera hizo de las suyas, y bien que las hizo. Pero no, el anular izquierdo siempre fue el descarriado. Y estoy seguro, segurísimo, que fueron esos honguitos blancos, hermanos mellizos de la caspa, los que le dieron ese carácter de rebelde sin causa.
Me gustaría que algún día nos llevemos bien. Realmente creo no darle motivos, pero es más fuerte que si mismo, y evidentemente, más fuerte que yo también.


Pero tampoco creamos que eso fue lo peor.
El día que cuente lo de las uñas mis pies, poco va a quedar para realismo mágico.


11 mayo, 2011

Mirtha



No la he visto muchas veces en mi vida. Es más, podría decir que vi a Mirtha sólo una vez. Quizás dos. Pero fueron suficientes como para darme cuenta que no la estaba pasando bien.
Parada detrás de ese mostrador chiquito, en ese local angosto, vahoso, lleno de mercadería amontonada a los costados, sin fin aparente, como si tuviera una longitud indeterminable.
Mi relación con Mirtha se remitía a alguna llamada por teléfono de vez en cuando. A veces todos los días. Pero también pasaban meses enteros sin que conversáramos, si se le puede llamar conversar a un:

- Hola negri, cómo andás?
- Hola Mirtha, todo bien, vos?
- Bien, acá andamos. Che, tenés los papeles?
- Si, los tengo, los mandás a buscar?
o
- No, no los tengo todavía, llegan mañana.
o
- No, no los tengo todavía, supongo que me los van a mandar esta semana.
- Bueno, dale.
Respondía a mi primera respuesta.
- Negro, mirá que los necesito eh, apurame el tema.
Respondía a mi segunda y a mi tercera respuesta.
A veces con la tercera respuesta la cosa se ponía más áspera.

- Si Mirtha, estoy haciendo todo lo que puedo, vos sabés...
- Dale, dale que sino acá me matan a mi.
- Bueno, llamame mañana por si tengo novedades.
- Listo negro, un beso.
- Chau, besos.

Y aunque a veces charlábamos un poco más, la mayoría de nuestras conversaciones se limitaban a eso, y eso es lo que conozco yo de Mirtha. Que se escribe con "h" en el medio. Eso también lo sabía por ella.
Mirtha es flaca, muy flaca, tiene el pelo teñido de un color morado violento, enrulado, abrochado en la parte de arriba con alguna especie de hebilla que no se alcanza a distinguir.
Mirtha usa en mi imaginario esa remera gris del Hard Rock Café que le queda lo suficientemente grande como para que ella la considere cómoda, que le vi puesta esa vez, rematada con una riñonera negra a la altura del ombligo, donde seguramente tendrá desde su DNI hasta la escritura de su casa, imagino. Y fuma. Mirtha fuma. Fuma siempre. Porque con escucharla al otro lado del teléfono uno sabe que Mirtha fuma. Y que fuma hace mucho. Y mucho. Y siempre que dice "negri" carraspea demostrándome todo lo que ha fumado.
Seguramente por eso tenga un enfisema pulmonar, y un cáncer de pulmón que la está matando. Y para colmo de males, le resulta imposible dejar de fumar. Porque trató, pero bueno, hay gente a la que no se le puede pedir que deje sus vicios. Como a Mirtha, que trató, pero nunca lo hizo convencida de lo que pretendía, porque para ella fumar y respirar significan lo mismo.

Mirtha tiene dos hijos y está separada de su marido. Uno estudia, el mayor, y trabaja también. El más chico no. Ya repitió dos veces cuarto año, y sigue a las vueltas. Sus jefes son los que le ayudaron a pagar el bar mitzvá de los dos. Y los que le dijeron que aunque tenga cáncer va a poder seguir trabajando. Eso si, lo del turno con el oncólogo iba a tener que esperar. Es que hay mucho trabajo y la necesitan. Es más, si quiere, va a poder seguir fumando adentro del local.